Una mujer de 57 años mata a su vecina brasileña tras sospechar que era la amante de su marido La homicida se presentó en casa de la víctima con la excusa de pedirle un poco de sal.
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Paquita K.T., muerta de celos, decidió dar un escarmiento a la mujer que le estaba quitando a su marido. Cogió el salero de la cocina, lo vació en el fregadero y subió hasta el quinto piso. Con la típica excusa de pedir un poco de sal a su vecina, entró con ella en el domicilio y cuando ésta se disponía a llenarle el salero, le propinó un tremendo golpe con el rodillo de amasar que había sobre la encimera. Fue un golpe certero y, como consecuencia, la victima murió en el acto.

La mujer, de 57 años, vecina del barrio de Los Dolores de Murcia, fue detenida ayer tras declararse autora del asesinato de su vecina de origen brasileño, L.C.D. de 49 años.

Según informaciones del médico forense, la victima sufrió un fuerte golpe con un objeto contundente que le provocó un traumatismo craneoencefálico con hundimiento y pérdida masiva de sangre.

Un abrigo de piel de zorro dio la pista a la policía
Parece ser que el marido de la presunta asesina, J.B.B. de 60 años, no había dormido en su casa la noche anterior. Ya había sucedido otras veces pero siempre volvía al hogar conyugal. Casualmente, cada vez que él desaparecía, la brasileña montaba la juerga en casa.

Paquita llevó a la muerta hasta el comedor y la sentó en el sofá. A continuación entró en su dormitorio y cogió el abrigo de piel de zorro rojo que tenía en el armario. Según cuentan las vecinas, ese abrigo era la envidia de toda la comunidad. Por eso, el día que la portera del inmueble, doña Enriqueta, vió a la acusada con el abrigo puesto, empezó a sospechar. Le pregunte de donde había sacado el abrigo y la muy… me dijo que se lo había comprado en las rebajas del Sepu. Al día siguiente, mientras fregaba la escalera decidió llamar a la vecina del quinto. Ya hacia muchos días que no la veía entrar ni salir del edificio. Era una chica muy dicharachera ella, pero muy maja. Llamó insistentemente y al no obtener respuesta, abrió la puerta con la copia de la llave que se había guardado en el delantal. Fue entonces cuando descubrió la terrible escena: el cuerpo sin vida de L.C.D. sentado en el sofá con el televisor emitiendo el último capítulo de Pasión de Gavilanes. Tras pedir auxilio a los vecinos y llamar al 091, doña Enriqueta insinuó sus sospechas a la policía. Al ser interrogada, Paquita rompió a llorar desconsoladamente pero al poco tiempo confesó ser la autora del crimen.
La homicida ha sido puesta a disposición judicial y el supuesto marido infiel se encuentra en busca y captura, aunque todo parece indicar que se enteró de lo sucedido y huyó.